El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció que los Presupuestos para 2022 serán presentados pronto, y garantizarán una recuperación justa, la subida y sostenibilidad de las pensiones, el futuro de los jóvenes, la vivienda, la educación, el empleo, la igualdad de género, la cohesión territorial, la ecología y hasta la demografía. Nada dijo sobre los problemas de las cuentas públicas.

Carlos Rodríguez Braun

Carlos Rodríguez Braun

Su propia ministra de Hacienda, María Jesús Montero, sin embargo, los reconoció en el Congreso de los Diputados, empezando por el déficit, que se situará este año en el 8,4 % del PIB, y que no cumplirá los cánones de la Unión Europea hasta 2025. La causa no es la baja recaudación, que ha aumentado gracias a la reactivación, sino el incremento del gasto público. El llamado “techo de gasto” alcanzará el año próximo el nivel más alto de nuestra historia.

Europa es otro problema, y vuelve el enfrentamiento entre los países que advierten sobre unas cuentas demasiado desequilibradas y los que piden más flexibilidad, como si la explosión de la deuda pública no representara ningún inconveniente.

Pero el principal problema de Sánchez es otro: ganar las próximas elecciones. Para conseguirlo está dispuesto a agrandar aún más el déficit, bajando los impuestos de la energía, pero sin tocar el gasto.

Con todo, hay un problema que Pedro Sánchez no tendrá: la aprobación de sus cuentas para 2022. Ciertamente habrá tensiones, como en la mesa de negociación con Cataluña, tras la negativa de la Generalitat a aceptar los fondos para la ampliación del aeropuerto de Barcelona, que ha indignado a los empresarios catalanes. También intervendrá el socio de Sánchez en el Gobierno, Unidas Podemos, que reclamará aún más gasto público y más impuestos.

A los nacionalistas y la ultraizquierda probablemente no les interesa tensar la cuerda política hasta romperla. De momento. Y los intereses de los contribuyentes, que van a padecer los mayores problemas en sus propias cuentas, no serán tomados en consideración hasta las elecciones. Y quizá entonces tampoco, porque Sánchez habrá vuelto a ganarlas o las habrá perdido: en ambos casos el ajuste inevitable lo pagarán, como siempre, los ciudadanos.

Opinión, Carlos Rodríguez Braun

Opinión, Carlos Rodríguez Braun

Problematic accounts

Carlos Rodríguez Braun

The president of the Government, Pedro Sánchez, has announced that the Budgets for 2022 will be presented soon, and will guarantee a fair recovery, the rise and sustainability of pensions, the future of young people, housing, education, employment, gender equality, territorial cohesion, the environment and even demographics. He didn´t mention anything about the problems of the public accounts.

His own Treasury minister, María Jesús Montero, however, acknowledged them in the Spanish Parliament, beginning with the deficit, which this year will be 8.4% of GDP, and will not pay the fees of the European Union until 2025. The cause is not low tax revenue, which has increased thanks to the recovery, but rather the increase in public spending. The so-called “spending ceiling” will reach the highest level in our history next year.

Europe is another problem, and a confrontation is returning among countries that warn against accounts that are too unbalanced and those who request more flexibility, as if the explosion of public debt didn´t represent a setback.

However, Sánchez´s main problem is another one: winning the next elections. To achieve it he is willing to further increase the deficit, lowering the taxes on energy, but without touching expenditure.

Even so, there is one problem that Pedro Sánchez will not have: the approval of his accounts for 2022. There will certainly be tensions, such as at the negotiating table with Catalonia, after the refusal of the Generalitat to accept the funds for the extension of Barcelona airport, which has outraged Catalan business people. There will also be involvement from Sánchez´s partner in Government, Unidas Podemos, which will call for even more public spending and more taxes.

The nationalists and extreme-left are probably not interesting in tensing the political rope until they break it. At the moment. And the interests of tax payers, who are going to suffer the greatest problems in their own accounts, which will not be taken into consideration until the elections. And perhaps not then either, because Sánchez will have won them again or will have lost them: in both cases the inevitable adjustment will be paid, as always, by the citizens.