Un viejo refrán español recomienda: “las cuentas claras y el chocolate espeso”, que pondera el valor de la sinceridad, de expresarse directamente, sin medias verdades y sin ocultar nada; también advierte que no conviene mezclar amistad y negocios. Ahora bien, todos estos consejos de la sabiduría popular se esfuman cuando saltamos de la sociedad a la política, como sucede con los Presupuestos Generales del Estado.

Carlos Rodríguez Braun

Carlos Rodríguez Braun

La Constitución Española establece que los Presupuestos se presentan en septiembre y deben estar aprobados antes de que termine el año. Si no sucede así, se prorrogan automáticamente, sin límite definido, hasta que el Gobierno cuente con los apoyos necesarios. Pedro Sánchez no los ha conseguido aún, y por eso España sigue con los Presupuestos de Mariano Rajoy del año 2018.

La situación ha estado alejada del refrán sobre las “cuentas claras”, aunque ahora el Gobierno parece que cuenta con los votos de sus socios de la investidura. Sin embargo, y precisamente por eso, por que no son los compañeros ideales, Sánchez ha intentado lavar su imagen con el apoyo de Ciudadanos.

El conseguir un gran respaldo es importante para el Gobierno, no solo para diluir el peso de los independentistas, sino para evitar un bochornoso desequilibrio de las cuentas públicas, como consecuencia de los demagógicos aumentos del gasto público previstos por la coalición de izquierdas.

¿Cómo mitigar dicho desequilibrio? Mediante unos nuevos Presupuestos, que facilitarían tanto la llegada de los fondos europeos el año próximo como la aprobación de nuevas figuras impositivas, que no pueden ponerse en marcha si continúan vigentes los Presupuestos del Partido Popular.

Y así llegamos a la máxima oscuridad, tradicional de la Hacienda Pública, es decir: saber cuánto y cómo vamos a pagar los ciudadanos el gasto decidido por nuestras autoridades. Es de temer que, a la mala gestión de la pandemia, el Gobierno añada una deficiente gestión económica y fiscal, con un apreciable castigo a los contribuyentes.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias juraron que jamás le subirían los impuestos al pueblo llano. Pero para ellos no vale la sinceridad de los ciudadanos corrientes, y no respetan otro antiguo refrán: “Nunca prometas lo que no vas a cumplir”.

Pedro Sánchez

Pedro Sánchez

Clear accounts

Carlos Rodríguez Braun

An old Spanish saying recommends: “Keep your accounts clear and your chocolate thick”, which considers the value of honesty, of expressing oneself directly, without half-truths and without hiding anything; it also warns that it isn´t advisable to mix friendship and business. However, all of this advice from popular wisdom vanishes when we jump from society to politics, as is the case with the General State Budgets.

The Spanish Constitution stipulates that the Budgets are presented in September and must be approved before the end of the year. If this doesn´t happen, they are automatically extended, with no defined limit, until the Government has the necessary support. Pedro Sánchez still hasn´t obtained them, and that is why Spain continues to have the Budgets of Mariano Rajoy from 2018.

The situation has ended up a long way from the saying about the “clear accounts”, however now it seems that the Government has the votes of its allies for the investiture. However, and precisely because of that, because they are not the ideal companions, Sánchez has tried to clean up his image with the support of Ciudadanos.

Obtaining major backing is important for the Government, not only to weaken the influence of those who support independence, but also to avoid an embarrassing imbalance in the public accounts, as a consequence of the demagogic increases in public spending envisaged by the leftist coalition.

How can this imbalance be mitigated? Through new Budgets, which would facilitate both the arrival of European funds next year and the approval of new tax figures, which cannot be undertaken if the Budgets of the Partido Popular remain in force.

And so we reach total darkness, that is traditional in the Public Treasury, that is to say: knowing how much and how, we citizens, are going to pay the expense decided by our authorities. The fear is that, alongside the poor management of the pandemic, the Government could add deficient economic and tax management, with a significant punishment for tax payers.

Pedro Sánchez and Pablo Iglesias swore that they would never increase taxes for ordinary people. However, for them the honesty of ordinary citizens doesn´t count, and they don´t respect another old saying: “Never promise what you can´t deliver”.