Brexit

No hay que llorar sobre la leche derramada, ni actuar como si los ciudadanos del Reino Unido no hubiesen votado a favor del Brexit. Lo hicieron. Por lo tanto, la clave es reducir los daños, y a eso contribuyó la firma del documento conjunto del pasado 8 de diciembre. Así, podrá comenzar la segunda fase del proceso: la negociación de un nuevo estatuto bilateral entre Gran Bretaña y la Unión Europea.

Es exagerado interpretar lo sucedido como una rendición británica. Lo importante es que los negociadores evitaron, de momento, el llamado “Brexit duro”. Y eso, marcharse dando un portazo, habría sido pésimo para los ciudadanos de toda Europa, británicos incluidos.

Carlos Rodríguez Braun.
Carlos Rodríguez Braun.

Es cierto que la propia Theresa May había apuntado antes en esa dirección con su tautológica consigna “Brexit es Brexit”. Pero también desde la UE se habían alzado voces que reclamaban el máximo rigor contra los británicos, con el objeto de que su caso sirviera de ejemplo para evitar las tentaciones rupturistas que podrían abrigar otros países.

Finalmente, ambas partes han llegado a compromisos en aspectos fundamentales: derechos de los ciudadanos, la factura a pagar por el Reino Unido, la normativa y las jurisdicciones, y el caso de Irlanda del Norte. Tanto la retórica críptica como las formas, en especial la negociación de madrugada, han sido las habituales, con el doble objetivo de subrayar el dramatismo y de que todos puedan declararse victoriosos.

Los representantes británicos cedieron bastante, sin duda, pero el desenlace no ha sido un gran escarmiento para ellos, ni debería haberlo sido. Como editorializó el diario español La Razón: “la UE no se creó para dar lecciones e imponer castigos, ni un daño mayor al ex socio redundaría en beneficio alguno para los 27”. Y, asimismo, se puede fortalecer el debilitado capital político de la señora May.

En lo que nos queda más cerca de Sotogrande, no se habla de Gibraltar en el documento conjunto, aunque sí se menciona explícitamente a los trabajadores fronterizos, y por supuesto, los derechos de los ciudadanos incluyen a los europeos residentes en España que trabajan en Gibraltar. Las autoridades gibraltareñas, por su parte, y aunque conocen bien el peso que tendrá España en los pactos futuros, saludaron el acuerdo del 8 de diciembre en la medida en que aleja el “Brexit duro”.

Y esa es la clave. Los problemas del pasado podrán reaparecer en la segunda fase, cuyas negociaciones serán más difíciles. Pero el peor escenario, el de un Brexit sin acuerdo, no se ha producido.