• La llegada de Javier Milei a la presidencia de la República Argentina invita a destacar dos contrastes con respecto a España.

En primer lugar, lo que más preocupa a los argentinos es la economía, y en ese campo las historias de mis dos patrias no pueden ser más opuestas. En efecto, durante el último siglo la renta per cápita de España no ha hecho más que subir, mientras que la de Argentina disminuyó sin cesar.

Carlos Rodríguez Braun

Carlos Rodríguez Braun

España se convirtió en uno de los países más ricos del mundo, y Argentina retrocedió al subdesarrollo, y se enfrenta ahora a una crisis gravísima. El propio Javier Milei, en su discurso inaugural del pasado 10 de diciembre, auguró la continuación del escenario más frecuente de la economía del país, la estanflación, es decir, estancamiento económico y elevada inflación.

En segundo lugar, el contraste político también es llamativo. Lo resumió Ricardo T. Lucas en el diario Expansión, al subrayar que el peronismo ha sido derrotado en la Argentina, pero ha llegado al Gobierno en España. La realidad parece ajustarse a dicho diagnóstico. El socialismo populista predominante en nuestro país propicia políticas de aumento del gasto público, los impuestos y la deuda pública, y un intervencionismo creciente en el mundo económico, social, laboral y empresarial. En cambio, el nuevo presidente argentino es un liberal cuyo programa es el contrario del de Sánchez en todos estos capítulos.

Sin embargo, no son solamente los contrastes los que caracterizan a los dos países. Hay algo más. En el área económica, las inversiones españolas, que han sido muy importantes, y que han sufrido inseguridad y contratiempos diversos, pueden ahora reanimarse, empezando por la energía.
Y en el área política, el liberalismo que se ha impuesto en la Argentina también suscita simpatía en el electorado español, como se vio en los buenos resultados que obtuvo el centroderecha en las recientes elecciones municipales y autonómicas, frente a la izquierda más antiliberal.
Es indudable que la situación argentina es crítica. Solo queda esperar que este viraje político y económico que ha emprendido la lleve a buen puerto. Ese desenlace también será un final feliz para España.

Argentina and Spain, contrasts and something extra

The arrival of Javier Milei to the presidency of the Argentine Republic invites one to highlight two contrasts in relation to Spain.
Firstly, what worries Argentinians most is the economy, and in that realm, the stories of my two homelands could not be more opposing. In fact, during the last century the per capita income of Spain has only risen, while that of Argentina fell continuously. Spain became one of the world’s richest countries, and Argentina regressed into underdevelopment and now faces an extremely serious crisis. Javier Milei himself, in his inaugural speech on 10 December, predicted the continuation of the most frequent scenario in the country’s economy, stagflation, which is to say, economic stagnation and high inflation.
Secondly, the political contrast is also striking. Ricardo T. Lucas summarised it in the newspaper Expansión, highlighting that Peronism has been defeated in Argentina, but has reached the Government in Spain. The reality seems to suit that diagnosis. The prevailing populist socialism in our country encourages policies to increase public spending, taxes, and public debt, and growing interventionism in the economic, social, labour, and business world. In contrast, the new Argentine president is a liberal whose programme is the opposite to that of Sánchez in all of these aspects.
However, it is not only the contrasts that characterise the two countries. There is something extra. In terms of economics, Spanish investments, which have been very important, and which have suffered uncertainty and different setbacks, may now be revived, beginning with energy.
In terms of politics, the liberalism that has imposed itself in Argentina also generates sympathy among the Spanish electorate, as we saw in the good results that the centre-right obtained in the recent municipal and regional elections, against a more anti-liberal left.
There is no doubt that the Argentine situation is critical. We can only hope that this political and economic turning point it has undertaken will come to a successful conclusion. That outcome will also be a happy ending for Spain.