• Esta es la primera de las iniciativas que se van a desarrollar en San Roque para el más importante imaginero del siglo XX.

La Delegación Municipal de Cultura, que dirige la concejal Ana Ruiz, es quien ha propuesto esta actividad, que tendrá una duración aproximada de una hora y media, comenzando a las 20:30 horas. Se hará una visita a las salas del museo dedicadas al artista mientras se escucha música de Semana Santa, siendo que se podrá oler a incienso. A continuación, se proyectará en el patio del Palacio de los Gobernadores un video inédito del fallecido Ángel Ortega, hijo del escultor, imaginero y conservador de la obra de Luis Ortega Brú.

Al tratarse de una actividad gratuita y con aforo limitado a 25 personas, para asistir habrá que reservar plaza en los correos electrónicos museosanroque@sanroque.es o turismo@sanroque.es, o bien llamando al teléfono 956 780 106, extensiones 2406 y 2345. Será obligatorio cumplir con la normativa covid, por lo que habrá que usar mascarilla, así como gel hidroalcohólico al acceder al Palacio, cuando también se tomará la temperatura.

Luis Ortega Bru nació en San Roque el 16 de septiembre de 1916, y falleció en Sevilla en noviembre de 1982. Fue un imaginero y escultor español.

Su padre era un alfarero, que influyó en que desde bastante pequeño se dedicase a modelar figuras en barro, lo que le llevó a decir que “sus principios fueron la alfarería y la cerámica”. En el año 1931, estudia escultura en la escuela de Artes y Oficios de La Línea de la Concepción, y en 1934 recibe clases de dibujo con el maestro y poeta de San Roque José Domingo de Mena. La Guerra Civil marcó su trayectoria, ya que sus padres fueron fusilados durante la contienda y él, que también militó en el bando republicano, fue condenado en 1940 a tres años de prisión por un delito de auxilio a la rebelión.

En el año 1944 se trasladó a Sevilla, matriculándose en la Escuela de Artes Aplicadas. En esta ciudad comenzó a ser conocido en los círculos artísticos, realizando su primera exposición en 1949. En 1952 recibió el primer Premio Nacional de Escultura por “La Piedad”. En 1955 se trasladó a Madrid como maestro escultor de los Talleres Arte de Granada, abriendo posteriormente un taller propio en la capital. En 1978 regresó a Sevilla, trabajando en el taller de Guzmán Bejarano.