Felix Mora, especialista en nutrición de OBBIO, espacios especializados en alimentación ecológica y saludable, explica los alimentos idóneos para consumir en esta temporada.

“Si algo es espléndido en pleno verano es la fruta: sandía, melón, melocotón y nectarinas son las más estivales. Y también quedará algo de bayas, como fresas y frambuesas”, comenta Mora.

Las frutas más interesantes son las que nos protegen ligeramente de la radiación de los rayos porque contienen licopeno como son el tomate, pimiento rojo, zanahorias, sandía papaya, remolacha. Las hay también que nos ayudan a broncearnos, como las naranjas, ya que contienen alfa o betacarotenos y son precursoras de la vitamina A.
Entre todas las solanáceas, la estrella del verano es el tomate, que solo en esa época desprende su auténtico sabor.

Y la estrella del verano va siempre en ensaladas, que son refrescantes e hidratantes. “Incluso algunas depurativas y diuréticas que benefician la eliminación de residuos metabólicos y toxinas típicas de los excesos veraniegos”, afirma el nutricionista. Mézclum, canónigos, rúcula, espinacas baby aderezadas con frutas, tamari, vinagre, etc.
Los meses estivales no son los más óptimos para las verduras. Entre todas, calabacín, calabaza, lechuga, pepino, pimiento rojo y aguacate son las óptimas. “El pepino es muy hidratante y fresco, casi todo es agua, por lo tanto, diurético”, afirma el nutricionista.

Las legumbres no son producto de verano si se quieren consumir frescas, sin embargo, son fáciles de envasar de modo que no hay por qué dejar de consumirlas, pues son perfectas para ensaladas.
En cuanto a la proteína animal, su calidad es indistinta en todas las estaciones del año, pero presentan diferencias. Lo correcto es tener en cuenta el factor proximidad y a ser posible que tengan la etiqueta ecológica.
Además, las carnes no presentan temporalidad. En cualquier caso, su consumo es contrario a la frescura. Por ejemplo, si se trata de ternera el periodo de maduración no ha de ser inferior a 40 días. Si de cerdo ibérico de bellota, siempre es mejor consumirlo después de congelado porque es la forma en la que rompe su dura estructura. “Pero una alternativa divertida es el carpaccio, carne cruda curada y cortada muy fina bien veraniega”, afirma el experto.
El pescado aumenta su consumo en verano al ser de más fácil digestión. Fresco es más apreciado, pero congelado presenta más seguridad en cuanto a posibles bacterias y para la prevención el anisakis.