Unir un plato a un vino y lograr que ambos mejoren. Buscar elaboraciones de similar intensidad y jugar con los sabores hasta llegar a la combinación perfecta. El arte del maridaje es tan complejo como apasionante. Lo ponemos en práctica para descubrir a nuestros lectores una opción cada vez más de moda: disfrutar de un buen vino, también, con el postre. Un Barón de Chirel  es el tinto de Marqués de Riscal elegido para hallar ese maridaje dulce con el que poner la ‘guinda’ a una velada perfecta en estos días de confinamiento.

Una buena mesa no estaría completa sin el postre. Y es que, como dice el refrán, a nadie amarga un dulce. Si éste, además, va acompañado por un buen vino, el placer será por partida doble. Por eso, quizás, cada vez es más frecuente ver a los amantes del buen yantar reservar una buena botella de vino para el momento del postre.

Descorchamos un Barón de Chirel 2012.  Sin duda, la añada más excepcional de Marqués de Riscal por elaborarse, solamente, en las mejores añadas (de viñas muy viejas, de entre 80 y 110 años, de muy bajo rendimiento y gran calidad) y por haber constituido, en su momento (1986), un punto de inflexión en el mundo de las bodegas tradiciones, siendo el precursor de la nueva era de vinos de Rioja de “alta expresión”.

Ya en copa, descubrimos un tinto color rojo picota, de capa alta y oscura. Un vino con una potente intensidad aromática, donde destacan los tostados y especiados aportados por el roble Allier . Frutas negras confitadas. En boca es fresco y cremoso, con taninos suaves y elegantes y un final largo y equilibrado.

En un maridaje tradicional, este vino sería perfecto para acompañar a un queso curado, un buen jamón o algún guiso de caza como, por ejemplo, un estofado de perdiz. Sin embargo, queremos ir más allá y descubrir con qué elaboración dulce armoniza más esta joya de Marqués de Riscal.

Su alta intensidad aromática nos da la pista para encontrar el aliado perfecto: el chocolate. Este, al igual que el vino, es misterioso e inagotable, con infinidad de matices según su pureza y procedencia.

Apostamos por un chocolate negro con alto porcentaje de cacao, rico en carácter y complejo. Su sabor intenso combina magistralmente con el del Barón de Chirel, potenciando sus bondades al máximo. Sus notas afrutadas se complementan con las de frutas negras confitadas del tinto, y su toque de frutos secos y tabaco se entrelaza a la perfección  con los tostados y especiados que el roble aporta a este vino de Marqués de Riscal.

La combinación roza la excelencia. Algo difícil de conseguir con un compañero tan potente como el chocolate, capaz de acaparar con su intensidad todo el protagonismo.

Sin duda, una experiencia única y muy recomendable. Una puerta más hacia el inagotable mundo de sensaciones que ofrece el buen vino a aquellos que disfrutan descifrando sus secretos.