Tener un gato entraña múltiples beneficios para nuestra salud. Entre otros, acariciarles reduce los niveles de cortisol (la hormona del estrés). Además, el contacto físico con estos pequeños peludos está asociado a la producción de ondas tetha cerebrales. Se trata de un tipo de onda que producimos en estados de relajación profunda.

Los gatos, además, tienen efectos positivos sobre las personas con autismo, especialmente en los niños. Esto tiene que ver con la oxitocina, que mejora el establecimiento de relaciones sociales y la empatía. Asimismo, ver imágenes de gatos es capaz de generar emociones positivas en términos generales. De hecho, los mininos ayudan a combatir no solo la soledad, sino también la depresión. Y constituyen una distracción positiva.


8 de cada 10 encuestados afirmaron que tener gato impacta positivamente en su vida. Para más del 60% su minino es un apoyo emocional en momentos difíciles. Otros de sus beneficios son que reducen las posibilidades de desarrollar asmas y alergias, y que refuerzan el sistema inmunitario. La presión sanguínea y el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares también se atenúa, inclusive el de infarto de miocardio.