Hay una palabra que se lee cada vez más en los análisis económicos. Es la palabra “suave”. Igual que antes de la crisis, hoy se vuelve a hablar de “ajuste suave” o “aterrizaje suave” de la economía. Pero lo que pasó hace diez años fue cualquier cosa menos suave. Terminó 2018 con señales de advertencia para la economía en general y para varios sectores en particular, como vimos en el número anterior de nuestro periódico. El tiempo transcurrido ha ido consolidando estas señales, tanto en la economía como en la política.

Carlos Rodríguez Braun

El freno económico no afecta con especial gravedad a España, cuyas cifras son todavía relativamente buenas, y mejores que la media europea. Sin embargo, en Europa tenemos al menos tres frentes abiertos: la desaceleración en la mayor economía de la zona euro: Alemania; la creciente incertidumbre económica y financiera en Italia; y la perdurable incógnita sobre el Brexit. Si todo ello puede ejercer un impacto negativo en la economía española, la situación no invita a demasiadas alegrías mirando más allá de Europa: pensemos en Estados Unidos o en China, por su conflicto comercial y por las tensiones que padecen sus economías internas. No es de extrañar, por tanto, que analistas destacados como Kenneth Rogoff, profesor de Harvard y antiguo economista jefe del Fondo Monetario Internacional, ya adviertan que puede llegar una crisis antes de lo que imaginamos.

Analizando la economía desde la política, España afronta un horizonte en 2019 cargado de citas electorales. La clave de las mismas es si el cambio registrado en Andalucía podrá trasladarse fuera de nuestra comunidad autónoma, y qué consecuencias tendría para la economía. Lo fundamental en una situación como la actual es contar con instituciones que faciliten la transición desde un escenario de crecimiento, como el que hemos vivido desde 2013, a uno de desaceleración. Tengamos cautela, aunque más no sea por la antigua regularidad conforme a la cual los políticos prometen bajar los impuestos antes de llegar al Gobierno, pero después no hacen honor a sus promesas. Cuanto más persistan las autoridades en esta actitud, menos suave será nuestro futuro económico.


A look at 2019

Carlos Rodríguez Braun

There is a word that appears more and more in economic analysis. It is the word “smooth”. Just like before the crisis, we are once again talking about a “smooth adjustment” or a “smooth landing” for the economy. But what happened ten years ago was anything but smooth.

2018 ended with warning signs for the economy in general and for several sectors in particular, as we saw in the previous edition of our newspaper. The passing of time has consolidated this signals, both for the economy and politics.

The economic slowdown has no seriously special effect on Spain, whose figures are still relatively good, and better than the European average. However, in Europe we have at least three open fronts: the slowdown in the largest economy of the Euro zone: Germany; the growing economic and financial uncertainty in Italy; and the lasting uncertainty about Brexit.

If all of this can have a negative impact on the Spanish economy, the situation does not result in much joy looking beyond Europe: think of the United States or China, with the commercial conflict and the tensions afflicting their domestic economies. It is not surprising therefore that outstanding analysts such as Kenneth Rogoff, a Professor at Harvard and former head economist at the International Monetary Fund, are already warning that a crisis could arrive sooner than we imagine.

Analysing the economy from a political perspective, Spain is facing a horizon in 2019 full of electoral events. The key to them is whether the change recorded in Andalusia will be transferred outside of our autonomous community, and what consequences this would have for the economy.

The crucial thing is a situation like that at present is to have institutions that facilitate the transition from a scenario of growth, like that experienced since 2013, to a slowdown. We should be cautious, and even more so in accordance with the old rule whereby politicians promise to lower taxes before making it into Government, and then fail to honour their promises. The longer the authorities maintain this attitude, the less smooth our economic future will be.