Ante un horizonte económico que se complica, nuestros gobernantes preparan un mayor castigo a los contribuyentes.

Esto será independiente de los avatares de la propia Ley de Presupuestos para 2019. Esta Ley puede aprobarse, con lo cual subirán el déficit, la deuda, y los impuestos; o puede no aprobarse. En este último caso, al mantenerse una senda de déficit algo más estricta, el Gobierno “se verá forzado a subir los impuestos”, como dicen los medios de comunicación, dando por sentado lo que deberían demostrar.

En efecto, los gobiernos nunca suben los impuestos a la fuerza, sino porque les conviene, o porque les resulta electoralmente menos costoso que la otra alternativa: bajar el gasto público. El truco, de todas maneras, ha sido utilizado por las autoridades para chantajear a PP y Ciudadanos, para que no bloqueen la aprobación de los Presupuestos, y, en caso de que lo hagan, poder acusarlos de ser ellos los culpables de que suban los impuestos.

Carlos Rodríguez Braun

Todo este juego de engaños y simulacros es habitual en política. Lo grave en este caso es que la subida de impuestos, que siempre es mala, es hoy particularmente nociva, porque la economía española puede haber entrado en una fase de desaceleración. Los datos del desempleo así lo sugieren, y otros indicadores parecen ratificarlo.

No hay campo más fértil para la demagogia que los impuestos. Lo hemos visto en estas semanas y lo seguiremos viendo. Entre cánticos a la “justicia fiscal”, el objetivo de las autoridades será aumentar la presión fiscal y contener la resistencia popular. Para ello se emplearán recursos propagandísticos para desorientar al contribuyente: bajar el IVA en algunos casos, para tapar la subida de los “impuestos verdes”, hablar mucho de Tobin y el “impuesto a las transacciones financieras”, que pagará el pueblo, como siempre, e insistir en la ficción de que el mayo gasto público será disfrutado por la gente, pero lo pagarán solamente los “ricos” y las grandes empresas, como si hostigarlos no incidiera en pérdidas del bienestar de los trabajadores.

Y así, mientras el Gobierno ataca a la Iglesia, exhuma los restos de Franco, y hace cualquier cosa para desviar la atención, la verdad es que se prepara una peligrosa estrategia para la economía y el empleo: subir los impuestos a millones de ciudadanos.


Budgetary dangers

Carlos Rodríguez Braun

Faced with an economic horizon that is getting difficult, our leaders are preparing more punishment for tax payers.

This will be independent of the whims of the Law on Budgets for 2019. This Law may be approved, which would result in an increase in the deficit, debt and taxes; or it may not be approved. In the latter case, by maintaining a stricter deficit path, the Government “will be forced to increase taxes”, according to the media, taking for granted what they would have to show.

Indeed, governments never increase taxes because they are forced to, but rather because it suits them, or because it is electorally less costly than the other alternative; reducing public expenditure. The trick, in any case, has been used by the authorities in order to blackmail the PP and Ciudadanos in order for them not to block the approval of the Budgets, and in the event they do, be able to accuse them of being guilty of raising taxes.

This entire game of deceit and shams is common in politics. The serious thing in this case is that the increase in taxes, which is always bad, is now particularly harmful, because the Spanish economy may have entered a phase of slowing down. The unemployment data suggests this, and other indicators may ratify it.

There is no more fertile ground for demagogy than taxes. We have seen it in recent weeks and we will continue to see it. Among odes to “fiscal justice”, the objective of the authorities will be to increase tax pressure and contain the resistance of the people. To achieve that, propaganda resources will be used in order to disorient tax payers: lowering VAT in some cases, in order to cover up the increase in “green taxes”, talking about Tobin a lot and the “tax on financial transaction”, which the people will pay, as always, and insist on the fiction that most public spending will be enjoyed by the people, but will only be paid by the “rich” and big companies, as if harrying them would not lead to the losses of wellbeing of workers.

And thus, while the Government attacks the Church, exhumes the remains of Franco, and does anything to divert attention, the truth is that a dangerous strategy is being prepared for the economy and employment: increasing taxes for millions of citizens.