El nuevo Gobierno es extraño porque proviene de una moción de moción de censura que ha triunfado; y porque se parece mucho a una campaña electoral, pero no le conviene que haya elecciones pronto, sino tarde. El desafío de Pedro Sánchez es demorar la convocatoria electoral para recomponer su apoyo electoral desde el poder. Por la forma en que ha llegado hasta allí, la tarea se presenta ardua.

Carlos Rodríguez Braun.

Carlos Rodríguez Braun.

Los socialistas se han preparado para ello desde hace tiempo: el vistoso gabinete de Sánchez no fue improvisado de la noche a la mañana. La cuestión reside en aprovechar las ventajas que tienen y minimizar los costes que les impondrá la precaria escalera por la que han ascendido hasta el Palacio de la Moncloa.

Veremos demagogia y propaganda sin cesar, marcados por unas líneas de actuación que ya se vislumbran.

Consciente de que está donde está gracias a una alianza con extremistas e independentistas, Sánchez debe alejarse de sus benefactores para volver a ocupar el centro, y al mismo tiempo no alejarse tanto como para que se conviertan en sus abiertos enemigos, y el proyecto se frustre.

De entrada, ha construido un gobierno de socialistas, y lanzará mensajes que apunten a lograr una futura mayoría electoral. Se presentará como la nueva izquierda moderada y moderna: feminista, ecologista, y europeísta, que aspira a aumentar el gasto sin desordenar las cuentas, ni subir demasiado los impuestos sobre sus votantes, que fue lo que hizo Rajoy.

Buscará arrinconar al PP —que afronta una difícil sucesión— en un pasado oprobioso, reaccionario, agresivo y corrupto, y aparecer como la alternativa razonable, honrada y dialogante. Procurará acercar a Ciudadanos al PP, y por eso Sánchez insiste en que Rivera se ha “derechizado”. Con Podemos hará lo contrario, sugiriendo que él y no Pablo Iglesias representa la opción viable y creíble de la izquierda.

Con los nacionalistas, Sánchez recurrirá a la Constitución, y dirá que hay que dialogar para cambiarla, de modo que “quepamos todos”.

Los demás han visto el juego del PSOE, y moverán sus fichas para recuperar posiciones. El equilibrio es delicado y todo el esquema de Sánchez puede venirse abajo. Como siempre, sólo nos queda esperar que no haga demasiado daño.


A strange government

The new Government is strange because it arises out of a no-confidence vote that has triumphed; and because it is very similar to an electoral campaign, but it does not suit it to have an election sooner, but rather later. Pedro Sánchez´s challenge is to delay calling elections in order to rebuild his electoral support from his position of power. Due to the way that he has got there, the task looks tough.

The socialists have prepared for this for some time: the striking cabinet of Sánchez was not improvised overnight. The question lies in making the most of the advantages they have and minimising the costs that will be placed on them due to the precarious ladder via which they have climbed to the Palace of Moncloa.

We will see demagogy and endless propaganda, marked by guidelines that we can already glimpse.

Aware of where he is thanks to a partnership with extremists and those who support independence, Sánchez needs to move away from his benefactors in order to return to the centre, and at the same time, he cannot move away so much that they become his open enemies, and thwart his project.

From the outset, he has built a government of socialists, and will launch messages aimed at achieving a strong electoral majority. He will present himself as the new moderate and modern left; feminist, environmentally friendly and pro-European, who seeks to increase spending without messing up the accounts, or increasing taxes too much for voters, which is what Rajoy did.

He will seek to corner the PP -which faces a difficult succession- into an ignominious, reactionary, aggressive and corrupt past, and appear as the reasonable, honourable alternative that is open to dialogue. He will try to make Ciudadanos look more like the PP, and that is why Sánchez insists that Rivera has “moved more to the right”. With Podemos he will do the opposite, suggesting that it is he and not Pablo Iglesias who represents the viable and believable option of the left.

With the nationalists, Sánchez will appeal the Constitution, and will say that it is necessary to establish a dialogue in order to change, so that “everyone fits”.

The others have seen how the PSOE plays, and will make moves to recover their positions. The balance is delicate and the entire scheme of Sánchez could collapse. As always, we can simply hope that it does not cause too much damage.