De la Estación de San Roque a Castellar de la Frontera, siguiendo la línea férrea, las cigüeñas han constituido una singular colonia que merece la pena visitar. En los postes electrificados o de telefonía construyen sus majestuosos nidos, auténticas obras de ingeniería natural que llegan a pesar desde 30 hasta 600 kilos. No es raro verlas haciendo acrobacias para llegar a los nidos haciendo verdaderos esfuerzos con sus casi dos metros de envergadura.

La cigüeña blanca fue declarada, en 1981, especie protegida, y está incluida en los catálogos nacional y regional de especies amenazadas. Caballo de batalla de ornitólogos y ecologistas, la verdadera realidad de esta especie discurre entre la alta tensión de los cables electrificados, las carreteras, los venenos y  los pesticidas.

Hoy, estas aves migratorias se han convertido en sedentarias. Naturales de África, Europa y Asia, desde hace unos años la bondad del clima y la abundancia de comida han convertido en nuestras vecinas durante todo el año.

Disfruta de las maravillosas fotos de Eduardo de la Hoz con las que se ilustró este contenido: