Crédito a empresas
Crédito a empresas
Carlos Rodríguez Braun.
Carlos Rodríguez Braun.

La política de las autoridades hacia los empresarios cae generalmente bajo dos categorías: la hostilidad o la amistad engañosa.

En ocasiones los políticos se presentan como adversarios de las empresas. Esto sucede en los extremos, y lo hemos podido comprobar en España con el auge de Podemos y su alianza con los comunistas de Izquierda Unida. En otros países la enemistad contra las empresas se da también en la extrema derecha, pero en ambos extremos el antiliberalismo es sistemáticamente pueril y falaz, y no consiste más que en una retahíla de consignas incoherentes que sólo buscan convertir al empresario en un demonio enemigo del pueblo, para justificar así sus programas anti-empresariales.

Más interesante es la otra actitud, mayoritaria en los partidos llamados moderados, que consiste en declararse amigos de los empresarios, en particular de las pequeñas y medianas empresas, pero al mismo tiempo aplicar políticas que incluyen ingredientes anti-empresariales. Lo mismo sucede con las medidas relacionadas con los profesionales y autónomos.

En los últimos tiempos lo hemos visto en la práctica tanto en los gobiernos del PSOE como del PP. Ambos partidos proclaman que son pro-empresariales, con matices, a veces con críticas, aunque en ningún caso comparten la vieja y reaccionaria hostilidad de los comunistas y los populistas.

Ahora bien, en la práctica, suelen ser tan enemigos de los empresarios como los demás. Hace poco, el presidente de la patronal CEOE, Juan Rosell, declaró que el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, es más enemigo de las empresas que los de Podemos.

Los obstáculos que se interponen en la vida empresarial son crecientes y provienen de todas las administraciones públicas. A veces son particularmente insidiosos, como viene ocurriendo en los últimos años con la fiscalidad de profesionales, autónomos y PYMES, y que conocen muy bien quienes los sufren en Sotogrande. Resulta que la Agencia Tributaria está recortando al máximo los gastos deducibles, con lo cual puede presentarse ante la opinión pública alegando que no sube los impuestos cuando en realidad está haciendo exactamente eso.

A veces me preguntan qué cosa podrían hacer las autoridades para ayudar a los empresarios. Yo suelo responder: no deben ayudarles en absoluto, basta con que no les hagan más daño…